Será tan breve que debo empezar ahora mismo. Diciembre, Nueva York. Por fin. Primero, la visa. Luego, los planos de la ciudad, el mejor recorrido, los pases para los museos, la ubicación de librerías, tiendas, Sehenswürdigkeiten, usw. Und dann kommt das nächste Jahr. Deutschland. Im Juli, wie der Film von Fatih Akin. Berlin und Dresden oder Dresden und Berlin und Hamburg und die Bergen, die Flüsse, die Leute. Ich will alles machen, alles kennen. Auch die Städten wo Martin Luther gelebt hat. Und auch München und vielleicht Bonn. And from there I'll go to Prague. I don't speak that language, how's it called? I'll visit Warsawa. Und zurück nach Deutschland. Barcelona, pisa y corre. Y al final, en la orillita, está Lisboa, mi hogar: meu nome próprio Maria, meu apelido Lisboa.
É varina, usa chinela,
Tem movimentos de gata
Na canastra, a caravela,
No coração, a fragata
Na canastra, a caravela,
No coração, a fragata
Em vez de corvos no xaile
Gaivotas vêm pousar
Quando o vento a leva ao baile,
Baila no baile com o mar
Quando o vento a leva ao baile
Baila no baile com o mar
É de conchas o vestido
Tem algas na cabeleira
E nas veias o latido
Do motor duma traineira
E nas veias o latido
Do motor duma traineira
Vende sonho e maresia,
Tempestades apregoa,
Seu nome próprio - Maria,
Seu apelido - Lisboa
Seu nome próprio - Maria
Seu apelido - Lisboa
domingo, 27 de septiembre de 2009
miércoles, 23 de septiembre de 2009
24 de septiembre. El Miramar
Hubiera preferido entrar al Miramar, un bar que, desde la calle, tiene toda la pinta de ser un navío que se hunde. En lo que se presume es un segundo piso, hay unas cortinas rojas de putero tras las ventanitas por donde apenas escapan los batacazos de algún grupo de variedades. En la puerta, un gordo embarazado sacándose los mocos. Y, con todo, hubiera preferido eso a entrar al negocio que se halla enfrente. Al Metropolitan, digo, a ver ese espectáculo, ese bodrio aburridísimo, de "Boris Gudonov".
Presiento que todos los actores españoles tienen un grave problema genético de verosimilitud, y sólo algunos —pocos, muy pocos— consiguen sortear el bache con gracia y/o talento. Habría que pedirle, entonces, a los que sesean y recitan sus líneas como si no hubieran pasado siglos desde aquél de oro, que se subieran a un barco. O hacer que se inscriban como voluntarios en un programa de viajes espaciales. Y luego, bum, dinamitar las naves.
Hoy no soy condescendiente. Pagué mucho dinero y esos tipos casi me matan a bostezos. Hoy despotrico, entonces, como lo haría el mejor de todos. Como lo hace solamente Mario Gensollen.
Presiento que todos los actores españoles tienen un grave problema genético de verosimilitud, y sólo algunos —pocos, muy pocos— consiguen sortear el bache con gracia y/o talento. Habría que pedirle, entonces, a los que sesean y recitan sus líneas como si no hubieran pasado siglos desde aquél de oro, que se subieran a un barco. O hacer que se inscriban como voluntarios en un programa de viajes espaciales. Y luego, bum, dinamitar las naves.
Hoy no soy condescendiente. Pagué mucho dinero y esos tipos casi me matan a bostezos. Hoy despotrico, entonces, como lo haría el mejor de todos. Como lo hace solamente Mario Gensollen.
domingo, 20 de septiembre de 2009
20 de septiembre. Leer con las dos manos
Parece ridículo, pero no lo es tanto. Mientras duró la inmovilización de mi brazo izquierdo, no leí. Al menos no como lo había estado haciendo de diciembre a julio. El separador se quedó estacionado largo rato en la misma página del tomo 2 de En busca del tiempo perdido. Apenas ayer conseguí terminarlo. Y es bueno, aunque empiezo a empalagarme de Proust, de sus recursos, de esa forma suya de tomar los lugares comunes y darles vueltas y vueltas y vueltas hasta marearnos y dejarnos sin saber por qué o cómo es que estamos leyendo una novela de un tipo tan así, tan esnob, tan superficial, tan mariquita. Y no es que tenga nada en contra de los mariquitas, pero hay que aceptar que su sensiblería puede llegar a enfadarnos.
Ahora que, a pesar de lo chocante que pueda resultar a ratos esa verborrea desbordada, hay momentos de lucidez. Como cuando el narrador dice: "... la adolescencia es anterior a la solidificación completa, y de ahí que se sienta junto a las muchachas jóvenes esa frescura que inspira el espectáculo de formas en constante cambio, jugando en una inestable oposición que nos recuerda el perpetuo crear y recrear de los elementos primordiales de la Naturaleza que en el mar contemplamos" (p. 588).
Sofs tenía razón: en este libro, son notables todas las comparaciones con la vida marina. Es un tomo acuático, ondulante. Y las muchachas en flor, la pandilla de Albertina y sus amigas, son como esos pececillos que nadan siempre muy juntos y que, tomados por separado, podrían parecer insignificantes a la vista de su depredador natural, pero que así reunidos se vuelven relevantes, no por sus partes sino por el todo.
Otro momento de lucidez ocurre cuando Proust resta méritos a la amistad: "Los seres que tienen la posibilidad de vivir para sí mismos —claro que estos seres son los artistas, y yo estaba convencido hacía mucho tiempo de que no lo sería nunca— tienen también el deber de vivir para sí mismos; y la amistad es una dispensa de ese deber, una abdicación personal. La conversación, el modo de expresión de la amistad, es una divagación superficial que no nos deja nada que ganar. Podemos estarnos hablando toda una vida sin hacer otra cosa que repetir indefinidamente la vacuidad de un minuto, mientras que el andar del pensamiento en el trabajo solitario de la creación artística se cumple en sentido de profundidad, en la dirección única que no nos está cerrada y por la que podemos adelantar, aunque con mucho trabajo, es cierto, para lograr una verdad. Y la amistad no sólo carece de virtualidad [¿no habrá querido decir el traductor "virtud"?], como la conversación, sino que además es funesta" (pp. 588-9).
Me encanta justificar mis tendencias antisociales con pasajes literarios. Éste se convirtió en mi favorito. Lo usaré cada vez que deba excusarme por no ir a una fiesta.
Por otra parte, leí una nota en El Universal sobre Bolaño*. Todavía tengo pendiente terminar con 2666 (me quedé en la última parte y, ahí sí, sin excusa ni pretexto, el separador —la tarjeta de presentación de una joyera que, oh Dios, me hace recordar más o menos cuándo fue que dejé esta lectura— se quedó atorado en la página 887). Quizá regrese a Bolaño. O quizá no, quizá le diga a Sofs que terminemos con lo que empezamos en el tiempo que originalmente nos habíamos propuesto (para lo cual tendríamos que leer todavía 5 tomos, de los cuales nos asustan mucho el 3 y el 4). Y luego Joyce, tal vez, cuando tengamos edad para ello.
Tantos planes, tantos libros. Ojalá Borges haya tenido razón y el cielo sea una enorme biblioteca. Sólo así sería posible una especie de cielo.
* Gracias, Guillermo. Parece que todavía no puedo leer muy bien. Mi brazo está en recuperación.
Ahora que, a pesar de lo chocante que pueda resultar a ratos esa verborrea desbordada, hay momentos de lucidez. Como cuando el narrador dice: "... la adolescencia es anterior a la solidificación completa, y de ahí que se sienta junto a las muchachas jóvenes esa frescura que inspira el espectáculo de formas en constante cambio, jugando en una inestable oposición que nos recuerda el perpetuo crear y recrear de los elementos primordiales de la Naturaleza que en el mar contemplamos" (p. 588).
Sofs tenía razón: en este libro, son notables todas las comparaciones con la vida marina. Es un tomo acuático, ondulante. Y las muchachas en flor, la pandilla de Albertina y sus amigas, son como esos pececillos que nadan siempre muy juntos y que, tomados por separado, podrían parecer insignificantes a la vista de su depredador natural, pero que así reunidos se vuelven relevantes, no por sus partes sino por el todo.
Otro momento de lucidez ocurre cuando Proust resta méritos a la amistad: "Los seres que tienen la posibilidad de vivir para sí mismos —claro que estos seres son los artistas, y yo estaba convencido hacía mucho tiempo de que no lo sería nunca— tienen también el deber de vivir para sí mismos; y la amistad es una dispensa de ese deber, una abdicación personal. La conversación, el modo de expresión de la amistad, es una divagación superficial que no nos deja nada que ganar. Podemos estarnos hablando toda una vida sin hacer otra cosa que repetir indefinidamente la vacuidad de un minuto, mientras que el andar del pensamiento en el trabajo solitario de la creación artística se cumple en sentido de profundidad, en la dirección única que no nos está cerrada y por la que podemos adelantar, aunque con mucho trabajo, es cierto, para lograr una verdad. Y la amistad no sólo carece de virtualidad [¿no habrá querido decir el traductor "virtud"?], como la conversación, sino que además es funesta" (pp. 588-9).
Me encanta justificar mis tendencias antisociales con pasajes literarios. Éste se convirtió en mi favorito. Lo usaré cada vez que deba excusarme por no ir a una fiesta.
Por otra parte, leí una nota en El Universal sobre Bolaño*. Todavía tengo pendiente terminar con 2666 (me quedé en la última parte y, ahí sí, sin excusa ni pretexto, el separador —la tarjeta de presentación de una joyera que, oh Dios, me hace recordar más o menos cuándo fue que dejé esta lectura— se quedó atorado en la página 887). Quizá regrese a Bolaño. O quizá no, quizá le diga a Sofs que terminemos con lo que empezamos en el tiempo que originalmente nos habíamos propuesto (para lo cual tendríamos que leer todavía 5 tomos, de los cuales nos asustan mucho el 3 y el 4). Y luego Joyce, tal vez, cuando tengamos edad para ello.
Tantos planes, tantos libros. Ojalá Borges haya tenido razón y el cielo sea una enorme biblioteca. Sólo así sería posible una especie de cielo.
* Gracias, Guillermo. Parece que todavía no puedo leer muy bien. Mi brazo está en recuperación.
martes, 15 de septiembre de 2009
15 de septiembre. E.T.-phone-home
Mi mano, mi brazo izquierdo, es Gregorio Samsa. Es una cruza de E.T. con un pollo rostizado. Anoche era algo asqueroso y tieso. Hoy es algo ya no tan asqueroso pero igualmente tieso. Tengo una imagen, pero está de cabeza y no consigo voltearla. Tal vez lo logre, y entonces se deleitarán con la cucaracha escuálida que me cuelga sobre el costado izquierdo.
Parece que pronto podré hacer una vida normal y después incluso podré jugar tenis, según dijo el doctor. Qué bueno: nunca antes había jugado tenis ni mucho menos llevado una vida normal.
Parece que pronto podré hacer una vida normal y después incluso podré jugar tenis, según dijo el doctor. Qué bueno: nunca antes había jugado tenis ni mucho menos llevado una vida normal.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
