domingo, 31 de mayo de 2009

31 de mayo

La foto de la sección Mundo, hoy domingo, en El Universal online.



El silencio en la ciudad es un fenómeno de lo más extraño. Oír sólo un motor y no gente, no autos: se siente como si las nubes bajaran y todo se encapsulara en un instante de provinciana calma asfaltada. Horas antes de este momento de pasmosa y enervante tranquilidad, un helicóptero sobrevoló mi casa casi rozando los árboles (eso lo imagino sólo por el ruido que escuché y por la agitación de las ramas). Los vecinos asomados en las ventanas, nadie supo qué fue. Y ahora de nuevo la normalidad. Ni la calma ni el asedio: sólo la normalidad, o lo que entendemos por tal.

Empiezo a leer (segundo intento, segundo) En busca del tiempo perdido, Por el camino de Swann. No recordaba qué bien inicia esta novela. La reflexión sobre la noche y el desconcierto que se produce al despertar, ese tránsito desde "el sentimiento de la existencia en su sencillez primitiva, tal como puede vibrar en lo hondo de un animal" al "recuerdo —y todavía no era el recuerdo del lugar en que me hallaba, sino el de otros sitios en donde yo había vivido y en donde podría estar" que desciende "como un socorro llegado de lo alto para sacarme de la nada, porque yo solo nunca hubiera podido salir; en un segundo pasaba por encima de siglos de civilización, y la imagen borrosamente entrevista de las lámparas de petróleo, de las camisas con cuello vuelto, iba recomponiendo lentamente los rasgos peculiares de mi personalidad". Grandes augurios para esta relectura. Grandes esperanzas. Tan grandes son que me hacen feliz. Tan feliz que quiero cantar, cantar y empujar a la ballena de vuelta al mar.



Por otra parte, esto de la ballena me hace recordar una película que vi anoche: El inquilino, con Michael Keaton. Vi o quise encontrar un tinte kafkiano en ese arrendatario incómodo que se encierra en una parte de la casona victoriana para "cultivar" cucarachas como parte de su enferma estrategia para despojar a los dueños de su propiedad, de su dinero y, principalmente, de su cordura. Es de esas películas que podría gustarle a mi madre mucho más que a mi padre, y que incluso ella vería sola, sin miedo, comiendo palomitas de maíz previamente horneadas en una cacerola puesta directamente sobre el fuego. Así de temeraria es ella, mi madre.

viernes, 29 de mayo de 2009

29 de mayo

Esto ya lo había dicho también: mi iPod conoce secretos de mi mente que ni siquiera yo conozco.

jueves, 28 de mayo de 2009

28 de mayo

Los arranques psicóticos de mis vecinos

Mucho tiempo he querido escribir de esto y no lo he hecho. No sé si es pudor, respeto a la intimidad ajena o simplemente que todavía no tengo suficiente material como para hacer con lo que oigo una narración hermosa. No importa.

Todo empieza cuando llega Arturo. Arturo tiene cerca de 50 años y vive con sus papás. Dudo que trabaje. Por las mañanas, Arturo sale a correr al Parque Hundido. Se lleva un cartón para hacer abdominales allá, sin ensuciarse. Viste siempre unos shorts que dejan al descubierto sus piernas velludas, más cubiertas por pelo - en todo caso - que su cabeza. Arturo no tiene novia, aunque lo he visto en el parque intentando ligarse a algunas mujeres, también mayores, seguramente divorciadas. Sin éxito, todavía.

De sus padres, quien más me enerva es la señora. Es un abanico de monstruosidades. Fea, metiche, vieja. Y gritona. Eso es lo peor. Cuando llega Arturo por la tarde, comienzan los gritos. Siempre por dinero, siempre. Dinero que pueden ser veinte pesos o mil. No millones, nunca millones. Discuten por centavos. Porque él dice que ella no se fija. Porque ella es una vieja floja. Porque lo tratan mal. Porque no le dan las buenas tardes. Porque dejaron su ropa tirada y se mojó. Él, pobre. Y ella se desgarra la garganta, lo acusa. Gime como animal herido. No elabora grandes discursos, como por ejemplo: "eres un miserable solterón que haraganea todo el día, cómodamente instalado en la casa paterna, lacra social, inútil". No. Ella sólo grita. Ella, loca. El papá - un anciano de cabello ralo, blanco, que por lo general usa boina y podría pasar por una persona amable - se abstiene de participar en estas diatribas. Seguramente está ahí dentro, pero calla, calla siempre. Él, sensato.

Yo espero el día en que se oiga un golpe seco y se acabe el ruido. Un golpe seco, un punto final.

lunes, 25 de mayo de 2009

25 de mayo

"The imagination of disaster", en Against Interpretation and Other Essays:

"Yet alongside the hopeful fantasy of moral simplification and international unity embodied in the science fiction films lurk the deepest anxieties about contemporary existence. I don't mean only the very real trauma of the Bomb –that it can be used, that there are enough now to kill everyone on earth many times over, that those new bombs may very well be used. Besides these new anxieties about physical disaster, the prospect of universal mutilation and even annihilation, the science fiction films reflect powerful anxieties about the condition of the individual psyche".

La bomba, pensé cuando leí esto, era un temor de posguerra. Ingenua (estúpida), no me di cuenta entonces que, vaya, nosotros también vivimos en ese mundo. Pos-ColdWar, incluso. Más desgastado todavía, más capacitado para la aniquilación.

Hoy, Corea del Norte hizo una "prueba" con bombas semejantes a las utilizadas en 1945 en Hiroshima y Nagasaki. Kaboom!

domingo, 24 de mayo de 2009

24 de mayo

Escribo la fecha y, lo primero que pienso, "no he pagado la renta".

Ayer había un bultito afuera de la puerta: el libro de Susan Sontag que tanto tiempo estuve esperando. Lo abro al azar, encuentro un pasaje del 8 de abril de 1949, me quedo prendada de él:

"This afternoon, I heard a lecture on 'The Function of Art and the Artist' by Anaïs Nin: she is very startling–pixie-like, other-worldly–small, finely-built, dark hair, and much make-up which made her look very pale–large, questioning eyes–a marked accent which I could not label–her speech is over-precise–she shines and polishes each syllable with the very tip of her tongue and teeth–one feels that if one were to touch her, she would crumble into silver dust."

miércoles, 20 de mayo de 2009

20 de mayo

Hoy pasé por mi tlacoyo de requesón. Había una mosca en los nopales que lo aderezaban. Perdí la esperanza y volví a sentir que me pudría.

martes, 19 de mayo de 2009

19 de mayo

Entrada en mi diario respecto a un sueño que tuve sobre el fin del mundo. En mi fin del mundo no había zombies ni armas nucleares: sólo viento. Era un viento ingobernable e irracional, ni un huracán ni un tornado ni nada que tenga nombre y que nos haga sentir tranquilos. Un viento que erosionaba todo. "La soledad de las calles envueltas en ráfagas de viento. Donde hay viento no hay paz sino agitación constante. Al interior, siento como si me estuviera muriendo. (...) Un árbol fue derribado por el viento en la Narvarte, en el cruce de Pitágoras con San Borja."

Recordé una parte de Trastorno, cuando el príncipe dice que siente que se pudre: "De repente siento (...) que me pudro; me pudro por minutos, oigo que me pudro, lo oigo y quiero marcharme del lugar que, de repente, sé que es un lugar de podredumbre, pero es demasiado tarde".

Dos días después, andaba todavía por la calle con la sensación de estar en una pesadilla, mi pesadilla del viento apocalíptico, pudriéndome todavía. Afortunadamente todo terminó cuando me senté a comer mis tlacoyos de requesón con nopales en el puesto del mercado de los martes. No cabe duda que la rutina gastronómica es la más importante de todas, y la que con más angustia había perdido en los días de la peste. Ahora estoy bien.

lunes, 4 de mayo de 2009

5 de mayo

Tengo ganas de...

1. Cerrar mi cuenta de Facebook. La estupidez es un virus mucho más letal que cualquier otro, y se propaga también - o, debería decir, especialmente - por medios electrónicos, virtuales.
2. Volver a mis clases de alemán. Jetzt.
3. Terminar de leer La montaña mágica. Claro que, para esto, tengo que abrir el libro y, vaya, leer.
4. Terminar de leer Trastorno. Aplica lo mismo que en el número anterior, con la sutil diferencia de que éste es un libro mucho más portátil que el de Mann.
5. Saber cómo le fue a la Ñoña en su boda (con detalles) y su luna de miel (sin detalles). También: darle su regalo.
6. Terminar el curso escolar. Quiero vacaciones.
7. Estrenar la obra de teatro.
8. Terminar la temporada de la obra de teatro.
9. Cerrar ciclos.
10. Una casa con jardín. Una amplia y soleada casa con jardín.

Cosas que podría lograr fácilmente: 1, 4, 5. Cosas verdaderamente necesarias: 6, 9 y 10. Cosas que caen en otras categorías no identificadas: 2, 3, 7 y 8.